Columna azulgrana: Mi destrozado Iberia

La opinión del hincha iberiano(a) luego del descenso a Segunda División, por Katherin Medina Salazar (@K7Manning).

Era un día para soñar y se convirtió en nuestra más temida pesadilla.

Todo empezó bien: la hinchada presente, la banda cantando, pensar en todo eso hace que cada parte de mi corazón vuelva a sufrir. Se veía bien, teníamos fe de que todo saldría bien. Recuerdo haber mirado mi teléfono a los 18 o 19 minutos del primer tiempo y ver la luz, ese gol de La Serena que nos daba tranquilidad.

El equipo se entregaba por sus colores. Todos parecían tan concentrados en esa meta de mantenernos en la B.

Luego del descanso, vino el paraíso. Ese penal para Diego Ruiz que gritamos con todo. ¡Por fin salíamos del área de peligro! Seguíamos en la B. Realmente no me importó el gol de Valdivia a los 59 minutos, porque de verdad teníamos todo bajo control. Dentro de ese pensamiento positivo vino lo peor: ese gol de San Marcos a los 64 minutos que nos quitó el aliento.

Teníamos fe, pero el equipo se desmoronó. Ya no se veía nada, no había juego y lo peor de todo: ya no había corazón. Como una verdadera película de terror veía cómo Juan Gutiérrez estaba prácticamente solo en el campo. Por su parte, Braulio Baeza intentaba algo por la banda, pero nada.

Tras el segundo gol de Valdivia, recuerdo que mire a mi papá y le dije: “otro más”. Recuerdo que una hincha me miró con cara de desconcierto y solo pude mostrarle mi teléfono. Fue ahí cuando la escuche gritar más fuerte: “¡Vamos Iberia, vamos que lo sacamos!”.

Pero quedó la sensación que la batería se había acabado. La mayor parte del equipo se había entregado a ese final del que tanto escapábamos. No había vuelta atrás. Solo recuerdo que los últimos minutos del partido tape mi cara y lloré. Sentí la mano de papá en mi hombro intentando darme un consuelo y a la vez mantenerse en pie por sus dos hinchas menores.

Pensaba en mi vecino, aquel que justo ayer decidió llevar la bandera de la azulgrana más arriba de lo que ya estaba. Recordé a su hijo en Santiago, a nuestros viajes siguiendo nuestro equipo. Recordé a Chalita, que por tantos años sufrió hasta que obtuvimos el tan anhelado ascenso. E incluso te recordé a ti, hincha ebrio que bautizamos el pirinoli ese día en la Plaza de Armas. Recordé cada una de sus caras, cada uno de ustedes que cada fin de semana los seguían. Y grité, grité de impotencia, de pena y grité por estar destrozada.

No buscamos culpables, porque sabemos perfectamente quiénes son los responsables de este desenlace. Aquellos que sin escuchar a su hinchada dejaron ir a referentes, a quienes sentían nuestro club como de ellos.

Rescato la garra de algunos jugadores que dieron todo en cada partido, no solo en “los importantes”. Por ejemplo, Emanuel Vargas, que cada vez que el fantasma de la B nos acechaba lo ponían en frente, salvándonos del descenso. Diego Ruiz, si bien pasó mucho tiempo en la banca, cuando entraba ponía todo por sacarlo adelante. Juan Gutiérrez, que peleaba todas y cada una de las pelotas y nunca las daba por perdidas, anotando goles, defendiendo y alentando. Mauro Aguirre, con esa sonrisa siempre antes de los partidos, con esa garra para no dar nada por perdido, esa confianza digna de los argentinos. Jugadores que, para mí, entregaron todo.

Creo que luego de este golpe es necesario un cambio en nuestra dirigencia, en las gestiones que realizan. Siento que es momento de que prediquen y practiquen todo lo que se le pide a la hinchada y que en la cabeza de esta institución esté quien vele por ella, desde el lado humano y futbolístico, con ideas fijas y que se arme un buen plantel para buscar un ascenso. La Segunda División no es fácil y no debemos dormirnos esperando que pasen 20 años más para volver.

Aprovechemos este momento. Inviertan en jugadores que se entreguen, que vuelvan los que quieran volver, que se queden quienes se quieran quedar y que nada detenga este sentimiento y amor azulgrana que llevamos dentro. Sabemos que estar en las buenas es fácil, pero estar en las malas es de valientes, es de familia y eso somos nosotros: una gran familia.

Azulgranas, no bajemos los brazos. Hoy es cuando más necesitamos estar unidos. Hay que luchar por volver a la B, por darnos a conocer. Estamos sufriendo, estamos heridos, pero siempre nos levantamos y esta no será la excepción.

“Que escuchen en todo Chile el grito de guerra, que todos los Angelinos van a cantar”.

¡La Azulgrana se levantará y volverá con todo!

Foto: Sintonía Deportiva